¿Alguna vez te has puesto a pensar en el porqué de tus emociones? ¿Acaso has experimentado la sensación de sufrimiento, esa compulsión por querer conseguir aquello que se anhela? Yo siempre tengo reyertas internas. Me ando peleando conmigo mismo por encontrar mi esencia, cuando quiero, me vuelvo todo un fama, un ser cuadrado, metódico y excesivamente preocupado por lo que hay que hacer. Sin embargo, en mi dualidad de ser humano no es suficiente, pues se necesita más que eso para poder encontrar la felicidad, y es por eso que yo suelo utilizar la música como brújula, dejo que ella me guíe para ser todo un cronopio, más libre, desorganizado, más preocupado por vivir que por ponerse a pensar en hacerlo.
Por eso hay días que me siento un durazno, fresco, radiante, suave, aterciopelado, pero al pasar de los días la soledad me lleva a sentirme todo un dátil, con apariencia de seco, aunque realmente no lo esté, pues es en esos instantes que sale a flote mi yo ideal, y a pesar de lo raro que me comporte en esos días mas que un revólver, en esos días necesito una compañía, un amigo. Alguien que me haga sentirme nuevamente cronopio o que renueve lo fama de mi ser.
Al principio, cuando me sentía así, raro pero sin ganas de hablar, triste pero sin ganas de llorar, alegre pero sin ganas de reír, solía hacerme compañía de mi mismo; pero he descubierto que las personas además de nuestros amigos necesitamos seres que nos sepan escuchar. Y tan sólo eso, no necesitamos que nos contesten, ni que nos cuenten, y mucho menos que nos digan lo que debemos hacer. Con que nos muevan la cola es más que suficiente para darnos cuenta de la felicidad que nuestra compañía les provoca.
Basta con mostrarles una galleta para que se animen a hacer sus mejores gracias. Así es, estoy escribiendo sobre ese mejor amigo que tenemos en casa, el que tiene aletas, cola o hasta crines. Pero así como no hay dos personas iguales, tampoco existen dos cronopios, famas o esperanzas que a pesar de sus similitudes lleguen a ser iguales, pues el llamarnos de determinada forma tan sólo nos deja en confinamiento con nuestro interior. Y si obviamente los amos no somos iguales, las mascotas menos, pues hay todo tipo de colores, formas y variedades que se vuelve cansando tan sólo pensar en listar a todos. Y dependerá de la personalidad del dueño el tipo de animal que tendría.
Si algún Fama quisiera una mascota, probablemente quisiera algún animal tranquilo y silencioso, pero dócil y buen compañero como un pez, con el cual pudiera platicar y contemplar por horas, con el que pudiera descargar todas sus emociones guardadas, con la seguridad que sus emociones estarán a salvo del mundo. Así como tampoco dudo que exista algún Cronopio que guste de coleccionar alguna tarántula o una víbora ratonera, con la que pueda jugar a comerse a los ratones que andan escondidos en el desorden llamado “cuarto” que existe en su casa. Y no creo que sea tan difícil, encontrar a un Esperanza con un avestruz en su patio, con un ave tan grandota e imponente pero a la vez tan débil y miedosa que apenas percibe un peligro decide enterrar su cabeza en la tierra para imaginar que el peligro ya se ha ido. Aunque en realidad sólo esté huyendo.
Y como bien comenté la semana pasada, o la ocasión anterior que escribí sobre el cómo me consideraba, y llegué a la conclusión de poseer un carácter bastante voluble, asertivo a veces, que en ocasiones huye como el avestruz o que se resbala por todo el cuarto en busca de ratones que comer, o que desea ver a los peces nadando en la pecera. Por lo tanto, mi mascota ideal sería alguna que fuera libre pero que también fuese dócil, una que siempre aparezca avante, que exista y que llame la atención pero que al mismo tiempo sepa ser fiel compañera en los momentos de tristeza y melancolía.
Por lo cual descubro que me gustaría tener un ave amaestrada, no necesariamente un águila, pero lo importante es que sea un ave, para que con sus alas pudiera elevarse a las alturas como yo lo hago con las cosas que me gustan, pero que a su vez sepa darse cuenta de cuando va a oscurecer y sea momento de regresar a casa, y busque nuevamente el resguardo y la protección del hogar. Pues al fin y al cabo eso es el cómo me considero, ¿y tú cómo lo haces? ¿Te sientes listo para volar?